“Imagine una
clase, una escuela, o un distrito escolar donde todos los estudiantes tienen
acceso a una instrucción matemática atractiva y de alta calidad. Se proponen unas
expectativas ambiciosas para todos, con adaptación para aquellos que lo necesitan.
Los profesores están bien formados, tienen recursos adecuados que apoyan su
trabajo y están estimulados en su desarrollo profesional. El currículo es matemáticamente
rico y ofrece oportunidades a los estudiantes de aprender conceptos y procedimientos
matemáticos con comprensión. La tecnología es un componente esencial del
entorno. Los estudiantes, de manera confiada, se comprometen con tareas
matemáticas complejas elegidas cuidadosamente por los profesores. Se apoyan en conocimientos
de una amplia variedad de contenidos matemáticos, a veces enfocando el mismo
problema desde diferentes perspectivas matemáticas o representando las matemáticas
de maneras diferentes hasta que encuentran métodos que les permiten progresar.
Los profesores ayudan a los estudiantes a hacer, refinar y explorar conjeturas
sobre la base de la evidencia y usan una variedad de razonamientos y técnicas
de prueba para confirmar o rechazar las conjeturas. Los estudiantes son resolutores
flexibles de problemas y tienen recursos variados. Solos o en grupos y con acceso
a la tecnología, los estudiantes trabajan de manera productiva y reflexiva, con
la guía experimentada de sus profesores. Los estudiantes son capaces de
comunicar sus ideas y resultados oralmente o por escrito de manera efectiva.
Valoran las matemáticas y se comprometen activamente en su aprendizaje.”
(NCTM 2000, Una Visión
de las Matemáticas Escolares).